31 de julio. Nos encomendamos a San Ignacio

St_Ignatius_of_Loyola_(1491-1556)_Founder_of_the_Jesuits

 

Después de 2000 años de historia de la Iglesia, no debería sorprendernos, nuestras miserias, ni asustarnos hasta qué extremos de insensatez podemos llegar los hombres que nos llamamos cristianos. Muchos sólo de nombre porque nuestra soberbia y falta de fe nos impide llegar a Cristo. Y esto mismo, debería enseñarnos, a no volver a caer en los mismo errores.

¿Qué tendrá que ver esto con S. Ignacio? La verdad es que tiene que ver todo .

Todo porque S. Ignacio también fue una temporadita de su vida un cristiano sólo de nombre, de los que viven tan pegados a la tierra que no saben ni que existe el cielo, y de los que sólo les importa la honra y los bienes.

Pero todo cambió, cuando se abrió a la gracia y  a partir de ahí surgió la gran Compañía de Jesús.

Pero aquí es cuando hablo de la insensatez y de la miseria, de aquellos hijos que han querido como el hijo pródigo separarse de la vid y queda lo que queda, auténticos sarmientos, que como no se arrepientan y vuelvan a la casa del padre, ya lo dice Nuestro Señor, pues que irán al fuego, a quemarse.

Porque lo que hoy no se debería tolerar y no sé porqué se tolera, es escuchar muchas de las declaraciones que oímos totalmente heréticas y ante las que nadie pestañea. Es más no quieren ni escucharlas. Como si no escuchándolas se desvanecieran en el aire.

Pero quien soy yo para decir nada. Sólo lo advierto por si alguien las escucha y le parecen hasta bien.

Y eso ha ocurrido por separarse del espíritu del fundador.

Y lo que ha ocurrido con la Compañía, pues como con tantas otras que se han dejado llevar por los cantos de sirena, de la secularización, del modernismo, de la pobreza del cuerpo olvidando las almas. En definitiva han olvidado el mensaje evangélico para hacer otro a su medida. Y los hechos están a la vista. Contra los hechos no valen los argumentos(Contra factum non valet argumentum).

Si al menos sirviera para hacernos reflexionar…

San Ignacio ruega por tus hijos, ábreles los ojos, hazles fieles a la doctrina de siempre, dales la fe y humildad que necesitan para reflexionar y sobre todo hazles dignos hijos tuyos.

Santa María ruega por tu Iglesia.

¡ Que arda tu corazón!

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