Me gustan los muros, me protegen del precipicio.

Decía Chesterton que muchos de los argumentos que esgrimían los enemigos del catolicismo, le llevaron a él a reconocer ese catolicismo como la religión verdadera. Uno de los argumentos que ellos defendían en contra del catolicismo eran las normas, doctrinas y disciplinas católicas.

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En su libro ortodoxia explica y argumenta contra esa falacia:

La doctrina y la disciplina católicas son muros: pero son los muros de un teatro de regocijos. Sólo dentro del contorno cristiano pueden conservarse las alegrías del paganismo.

Imaginémonos que un corro de niños juega sobre la florida cumbre de una isla; mientras haya un muro que cerque la cumbre, pueden entregarse a sus locos juegos…Supongamos ahora que el muro se derrumba, dejando a la vista los precipicios: los niños no caen necesariamente, pero cuando vamos a buscarlos, los hallamos amontonados, mudos de terror, ya no se les oye cantar.(Ortodoxia, capítulo IX)

¡Que arda tu corazón!

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