La santidad en la familia (y 5)

(viene de aquí)

Pero todo esto no se consigue por ciencia infusa porque sí. Hay que trabajarlo. El Papa San Juan Pablo II nos daba las claves para nuestro camino:

El Papa decía que era necesaria una profunda formación intelectual y teológica. Tenemos que crear aulas, escuelas en las que poder desarrollar de modo adecuado las orientaciones éticas relativas al valor de la corporeidad, al sentido del matrimonio y de la familia, así como la cuestión de la paternidad y maternidad responsable.

SAgrada Fmailia

También nos hemos de apoyar en la oración y en la participación de los sacramentos. Cuentan que al final de su vida le preguntaron a Santo Tomás de dónde había sacado tanta sabiduría. Puede parecer una pregunta lógica porque durante muchos años se dedicó a estudiar la escritura, incluso contó con colaboradores que habían traducido al latín obras escritas originalmente en griego, todo lo que ya sabéis. Sin embargo ante esa pregunta él respondió con un gesto. A quien le preguntaba le señaló el crucifijo: de Él lo había aprendido todo. Es necesario acercarnos a la Cruz y pedirle al Señor que nos enseñe la verdadera sabiduría, la que lleva a la vida eterna.

Nos hemos de comprometer con la sociedad. Muchas veces nos va tocar ir contracorriente. Pero si cada familia trae una luz y cada familia es una luz que debe iluminar el camino, tenemos que estar vigilantes.  Cada uno sabe dónde está y en qué tiene que trabajar. No son necesarias grandes cosas, pero sí tenemos que evitar que nos lleve la corriente. Debemos tomar conciencia de ello. A nosotros Dios nos ha dejado en el mundo, no nos ha apartado de él. Vamos a ser personar ordinarias, con vidas ordinarias (entendidas como no extraordinarias, no como vulgares), personas de la calle. No importa dónde tengamos que estar: en nuestra casa cuidando a los niños, curando a un enfermo, enseñando en un colegio…donde Dios nos ponga, lo que importa es crecer día a día en nuestro deseo de amar a Dios y en nuestros detalles de amor a los demás.

Para terminar, lo hacemos con una poesía de una clarisa de Soria, la Madre Clara Sánchez. Nos parecía que en pocas palabras y con lenguaje poético recogía lo que era la esencia de la familia y hacia dónde tenía ésta que mirar: hacia Dios, pero sin olvidar a los demás. Hemos cambiado alguna palabra esperamos no haberla destrozado. Dice así:

En el jardín de mi casa

Canta un rosal al señor

Jesús déjanos la espina

Toma para Ti la flor

Y para cielos y tierra

La fragancia de nuestro amor

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